Por: Sandra Cárcamo

ARENA y su JRN nos había vendido una historia linda de jóvenes y renovación. Sin embargo, solo los inocentes pueden caer a estas alturas en la trampa de la renovación política, cuando en realidad eso solo es una actuación, estén los involucrados informados y de acuerdo o no. La realidad es que los partidos son un vehículo de poder. Y respondiendo a eso, es un permanente juego de egos, protagonismo e hipocresía, de cual solo hay dos opciones: decepcionarse y salirse o adaptarse y volverse parte de.

Lo ocurrido en ARENA no es nuevo y bajémosle al show, porque todos sabemos que eso pasa en ARENA y en todos los partidos políticos. Si me preguntan si debe permitirse, la verdad es que quienes participan en partidos saben a qué van. La sed de cambios cuando se está en política partidaria solo es temporal, no es genuina porque no hay ideas que defender. ¿Seamos país? Eso es un eslogan, no una idea ni un principio. Por ello el entusiasmo, siempre que se limita a estar en un partido, no será solución y no logrará un cambio. Ondear banderas no evita leyes peligrosas, siquiera combate la ignorancia, hace más ignorantes.

Hoy, nuevamente los partidos nos demuestran que no son la solución y menos el vehículo de cambios. Es momento de dejar de creer en falsos salvadores, en falsas renovaciones. Sino veamos cómo han actuado los nuevos rostros de ARENA. ¿Qué novedades han ofrecido? Es más, el diputado “tú y yo podemos” solo confirma que en los partidos es mejor adaptarse y volverse parte de. Él lo hizo, el mismo que dijo en toda su campaña que no sería más de lo mismo, y que cuando pudo se indignó porque otra diputada no siguió líneas del partido.

ARENA entonces nos enseña con hechos la falsedad detrás de los partidos políticos. Por lo que lo mejor que le puede pasar a la juventud es menos contaminación partidaria. Menos políticos y más ciudadanos porque lo real es que la renovación en la clase política no se va a dar mientras los ciudadanos no cambien.

Hay algunos que aseguran que necesitamos políticos mejores. ¡Es falso! No necesitamos políticos mejores, necesitamos ciudadanos libres y responsables. Mientras eso no ocurra no existirán mejores apuestas en política, porque para que la política cambie debe existir presión ciudadana. No importa si los que llegan al poder entran “con buenas intenciones”, mientras los ciudadanos se desentiendan de lo que pasa, estos se van a corromper. Y no importa si en el poder están los peores. Si hay fiscalización de parte de la ciudadanía, no lograrán mayor cosa porque el poder es de los individuos.

Si queremos ver cambios, hagamos. Hacer no significa pertenecer a un partido, apoyar un candidato, ondear banderas. Hacer significa volvernos responsables de nuestras vidas. De esta forma, la brecha para que los políticos puedan operar y decidir por nosotros será cada vez menor.

El mundo está regido por ideas, ideas ciudadanas, ideas individuales. Cuando lo asumamos será natural la fiscalización porque comprenderemos que los políticos son los que entorpecen el crecimiento individual. El reto, entonces,  es controlar y devolver el poder adonde debe estar: en individuos. Los cambios debemos exigirlos y hacerlos la ciudadanía, porque nunca vendrán de los políticos.