Ricardo Larín

El coordinador de Economía de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad José Matías Delgado (UJMD), Julio Velásquez, considera que la elaboración del presupuesto general de la nación todavía contempla vicios de formación.

Curul85: ¿Cuál es su valoración sobre el presupuesto llevado a la Asamblea Legislativa y que deberá aprobarse con 56 votos?

Julio Velásquez: Hay precedentes que diferencian el ejercicio de este año. Se sigue sobreestimando ingresos, pero hay una resolución de la Sala de lo Constitucional que ordena presentar un presupuesto equilibrado.

Sumado a esto, el ministro debió entregar una declaración jurada de la veracidad del presupuesto. No es una garantía absoluta pero puede ser utilizado por la oposición política para hacer un mejor ejercicio presupuestario.

Este presupuesto va formulado como presupuesto por programas con enfoque de resultados, que es una reforma al presupuesto que se ha postergado desde el 2014, pero este viene así. Aunque presenta los mismos vicios operativos que el de años atrás. Necesitarán el acuerdo político para aprobarlo este año.

C85: Estos vicios, por ejemplo, son los de presentar un presupuesto basado en un Producto Interno Bruto (PIB) que está sobreestimado…

JV: El PIB es otro elemento que es recurrente. Sirve para la base de estimación del crecimiento económico y de los ingresos tributarios que es al final la base para elaborar el presupuesto. Si el PIB está sobreestimado, estamos viendo cifras mentirosas, porque el ratio de deuda es mayor del que se publica actualmente.

Habría que preguntarse por qué una institución tan técnica como el Banco Central de Reserva no agiliza la nueva base del PIB sabiendo que esto tiene consecuencia grave en términos de política fiscal, y la probable respuesta es la de los intereses para aguantar de aquí al final de su período para poder endeudarse a tasas menores de las que deberían si el ratio de deuda fuera menor. Solo imaginemos cómo sería la calificación de riesgo con el ratio real para el país.

C85: Nadie le prestaría al país…

JV: Serían los bonos basura que se conocen en el ámbito financiero. Y el tipo de inversor sería muy especulativo. Estamos en la categoría de no inversión, pero bajaríamos aún más.

C85: ¿Qué sucede con el gasto, que se mantiene elevado en el presupuesto?

JV: Se evidencia en el gasto que todavía hay subestimación de algunos aspectos. Por ejemplo, en el subsidio al gas licuado, a pesar de que en el 2017 se ejecutó más del doble que se había votado, para presupuesto 2018 se está presupuestando la misma cifra. En energía eléctrica no se puso una partida en el presupuesto del año pasado.

Para ahora ponen $50 millones. Como liberal yo quisiera pensar que estos $50 millones representan una reducción del subsidio, y por tanto una liberación mayor del precio, pero la evidencia empírica me lo dice, no significa eso.

C85: Se avecina una negociación en la Asamblea para aprobar el presupuesto 2018, se evidencia un acuerdo político que debería ser lo más técnico posible, tratándose de un presupuesto…

JV: Se avecinan estas negociaciones políticas intensas que pareciera que no durarán poco tiempo. Debería de apelarse a que las discusiones políticas no descarten la eficiencia, que se equilibren ingresos y egresos del Estado, de tomar las decisiones difíciles de escalafones y otros beneficios, pensar en reducir impuestos en vez de proponer nuevos, eliminar los regímenes de exención del impuesto sobre la renta.

C85: ¿Qué pasa con la gran cantidad de contrataciones en el sector público? ¿Cómo debe reducirse?

JV: Es una decisión bien política la de reducir contrataciones. Se pudiese ahorrar mucho en el sector público si se pudiese subcontratar algunos servicios ya que el gasto administrativo es menor en estos casos.

El Estado no tiene un incentivo para ser eficiente en algunas tareas, debería considerarse otras vías. También debe de congelarse plazas, de los que se jubilan y redistribuir funciones a fin de hacer al sector público más eficiente.