Arrancó la campaña electoral y con ella las propuestas más inverosímiles de candidatos y los que quieren retener su curul. Pero como ciudadanos debemos estar alertas a esos cantos de sirena que hacen ruido pero no llevan contenido.

Ya hay quienes en sus primeras apariciones en público, cuando toca vender la imagen, dicen “vote por mí, porque soy… mujer, joven, persona con discapacidad, etc.”, como si solo el hecho de serlo es una propuesta que debe de apoyarse.

También están los que piden más gasto, más Estado. Como si eso fuese la solución a todos los problemas del país. “El Estado debería de…”, “Es obligación del Estado…”, “El Estado debería de regular…”, etc. Cuando claramente la solución no está ahí en el Estado, sino en el esfuerzo individual.

Las propuestas son la base fundamental del candidato, pero si están basadas en la creación de más Estado, más gasto, están destinadas a fracasar, a menos que el mismo Estado las avale y las ejecute. Ejemplo de ello es que los diputados aprueban una ley de veteranos de guerra para entregarles beneficios económicos y un año después no les pueden cumplir porque no hay donde obtener financiamiento. Una ley populista.

Y más allá de los delantales, pelotas, calendarios y toda clase de artículos que los candidatos pueden regalar, la mayoría de ciudadanos están atentos a las propuestas que puedan surgir. Porque la gente no pide trabajo, pide oportunidades para salir adelante, que son cosas distintas.

¡Atentos a las propuestas de los nuevos elementos en la política! Porque no hay duda que en estas elecciones debemos desechar lo viejo, lo obsoleto, lo que llegó y se hizo uno más en el sistema, el que traicionó sus principios y cayó en el mismo hoyo de quienes no les importa el país, sino enriquecerse a costa de él.


  • Por: Diego Jiménez Rocha