Estamos en el siglo XXI. Durante muchísimos años la sociedad ha vivido con la esperanza en que el gobierno, sea de izquierda o derecha, debe de resolver los problemas sociales y económicos que nuestro país puede atravesar.

Se ha vivido culpando a los gobiernos sobre la problemática nacional, teniendo siempre la percepción e ilusión en que cuando un mandatario y sus funcionarios lleguen al poder, erradicarán por completo los homicidios, la pobreza, el desempleo, etc.

Actualmente y desde hace tiempo atrás, estos son los principales problemas que aquejan a la ciudadanía… día con día, año con año. Y siempre se ha dejado la responsabilidad al gobierno con la esperanza de que los combatirán en cinco años.

Y siempre nos preguntamos ¿por qué el gobierno no hace nada?, ¿qué está haciendo el gobierno? O las famosas frases “es culpa del gobierno”, “eso lo tiene que hacer el gobierno”, un sinfín de excusas que buscamos para culpar la problemática social.

Pero aquí la verdadera pregunta debe ser ¿qué estoy haciendo yo como ciudadano, como persona, para que El Salvador sea mejor? ¿Estoy haciendo mi esfuerzo para abonar a una mejor sociedad? Esas preguntas son las que precisamente debemos de hacernos si queremos que este país sea un lugar mejor para las futuras generaciones.

Trabajar por el presente, empezar por fomentar los valores desde el seno de nuestros hogares, ser ejemplo vivo de un verdadero salvadoreño comprometido por ver a este país crecer, un salvadoreño comprometido para que la sociedad sea más justa, en donde no pone sus esperanzas en violencia, en la intolerancia, en el irrespeto; sino que un salvadoreño que tiene puestos sus deseos y ganas en traer la paz, examinándose desde adentro sobre las posibilidades que tiene de construir una sociedad más comprometida con el desarrollo y crecimiento de El Salvador.

A lo mejor muchos pueden pensar que es imposible traer la paz a nuestro país. Para muchos también puede parecer hasta irreal. Pero ese pensamiento es solamente derrotista y nos hace llegar a la conclusión de que la violencia y los demás problemas sociales son inevitables, en que la sociedad está condenada a vivir y cargar con esos problemas para toda la vida y que somos presa de esas fuerzas que no podemos controlar.

La realidad aquí es que no podemos permitirnos aceptar ese punto de vista. Todos estos problemas que he mencionado anteriormente los ha provocado el ciudadano; por lo tanto, este individuo puede resolverlos y trabajar por disminuirlos.

La paz es y debe de ser producto de muchos actos. No existe una fórmula mágica para que en El Salvador haya cero homicidios y robos. Estas primeras acciones de generar paz deben de ser cambiantes para las nuevas generaciones y enfocadas en un solo propósito: en que la sociedad viva en mutua tolerancia, sometiendo sus conflictos en un arreglo justo y pacífico, porque el mundo nos ha demostrado que la paz únicamente puede construirla el ciudadano.

Quiero terminar con esta frase que el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, dijo en su discurso de toma de posesión: “No pregunten lo que el país puede hacer por ustedes, pregúntense qué pueden hacer ustedes por su país”.

* Raúl Mejía