Las elecciones están cada vez más cerca y los políticos no pierden oportunidad para venderse. Si lo pensamos, sería complicado definir en cuánto tiempo no pasan en campaña.

Y dentro de los ciudadanos hay quienes no les creen nunca, quienes les creen a veces y quienes siempre aplaudirán a los de su bando. Lo cierto es que los políticos se deben a su imagen y venderse siempre es parte de su necesidad para continuar en el poder.

No es de extrañarse que milagrosamente los políticos aparezcan como campeones en plenarias votando en contra de decretos, no es casualidad ver más políticos trabajando territorio, tampoco es raro ver más inversión en televisión.

Sin embargo, esta época debo confesar que me entusiasma, no por las propuestas; sino porque todos los que generalmente no están informados de lo que sucede en el país se ven persuadidos a estarlo. Y muchos ciudadanos, entonces, se hacen analistas políticos y discuten entre amigos qué ocurre en política.

Pero también, todos los años me preocupa lo mismo. Todos los años hay fuertes campañas de políticos con promesas, de ciudadanos con quejas, pero la libertad solo aparece como adorno a todo esto. La libertad se vuelve entonces en el eslogan de todos y en la realidad de nadie.

Podría hablar de lo hipócrita de los anuncios de ARENA o del populismo aberrante de tantos políticos, pero no atacaría el problema y caería en el juego de discutir con base a sus ideas y no a las ideas que en realidad importan.

Este período electoral no solo es delicado a nivel de formas de voto y de propuestas, es importante porque dentro de todo este juego aparente de democracia está la libertad viéndose amenazada. Cada vez que las elecciones se acercan la libertad conoce a sus nuevos enemigos y a sus falsos defensores.

La verdadera importancia de esta época es para aprovechar la euforia política, los analistas de a pie y a los ciudadanos comprometidos.

El reto, en realidad, es cada vez más ambicioso. No solo es empoderar ciudadanos, que en esta época ocurre naturalmente, sino responsabilizarlos. No podemos seguir siendo críticos pero irresponsables.

Es momento que la libertad esté en campaña, que las ideas de libre mercado, de vida, libertad y propiedad empiecen a ser las exigencias de los ciudadanos; para que las promesas de subsidios, trabajos en el Estado, dignificación mediante la ley y demás propuestas dejen de ser carnada de votos.

Cada período electoral, la libertad observa y participa como atractivo político. Es momento que deje de ser solo eso.

Es hora de que los ciudadanos comprendan que lo que hoy sucede no es casualidad. Es nuestra responsabilidad por delegar demasiadas actividades a los que no las deben tener y que son responsabilidades individuales.

Este periodo debería servir no para escuchar promesas ni para ver qué van a ofrecer, es momento para exigir que regresen a trabajar por lo que les corresponde sin tener que meterse en más rubros que no les competen y que nada conocen.

Las ideas de la libertad deben mutar de voceros. La verdadera batalla se da en este período, en donde las ideas están por todos lados.

Mientras los políticos sigan en campaña pero la libertad no, y sea solo un adorno electoral, los ciudadanos seguiremos siendo engañados e irresponsables.

* Sandra Cárcamo, columnista de Curul 85