El FMLN salió del paso esta semana. Aprobó el presupuesto general de la nación junto a tres partidos más que fueron cómplices del proceso. Sabemos que está desfinanciado, que faltan muchos compromisos por solventar en el proyecto, pero aún así, se votó.

Es mala política aprobar algo que se sabe que está mal hecho. Aprobar algo incompleto para ajustar en el camino es mala administración. ¿Ahora cómo financiarán el presupuesto? ¿Deuda, impuestos o préstamos?

Está claro que la llave de los 56 votos la perdió el FMLN y su bloque, cuando sacó de la votación por el presupuesto a ARENA, sin embargo, los necesitará para buscar financiamiento para cubrir necesidades de presupuesto.

De manera “simbólica”, se abrieron partidas con mil dólares, donde las necesidades son millones. Se redujo el presupuesto para salud, educación y seguridad, olvidándose de los ciudadanos y sus principales carencias.

Lo que significa menos medicina y calidad en atención de salud en hospitales. Menos calidad educativa para los jóvenes y menor calidad de vida, dados los problemas de seguridad que enfrenta el país, con una de las tasas de homicidio per cápita más alta de la región.

Hay incertidumbre para pagar las pensiones. Las del INPEP, ISSS e IPSFA no tienen fondos – en este momento – y no se sabe cómo hará el gobierno para pagar estos compromisos infaltables. Aunque no quieran hablar de un “default” del país, si estamos al borde de él.

De los proveedores nadie se recuerda. Esos pequeños empresarios engañados con la promesa de incentivar su emprendedurismo, y que aun se preguntan si el Gobierno les va a pagar su producción del año pasado. Los hicieron quebrar.

Ahora que las finanzas del país están tan comprometidas, que requiere de los acuerdos de todos los partidos políticos, requiere del diálogo y de las buenas voluntades de todos los sectores responsables de sacar adelante este país, estos acuerdos parecen distanciarse cada vez más, producto de la forma como se maneja la aritmética legislativa.

Mientras, nuestros gobernantes siguen hablando de aumentos de impuestos, bonos, préstamos y más recursos que se obtengan a costas de la población, y no se hable del ahorro estatal, es difícil que la situación cambie, en meses estaremos en la misma historia, con el agua hasta el cuello.

Exijamos a nuestros políticos propuestas de reducción, antes de hablar de seguir castigando al pueblo.

* Por Diego Jiménez, columnista de Curul 85