Dos nuevos casos más de probidad esta semana. Un exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia y un alcalde. Nuevas demandas que se suman a varias demandas por enriquecimiento ilícito que hemos conocido este año.

Ayer, el magistrado de la Sala de lo Constitucional, Sidney Blanco, se lamentaba de tantos casos que pasaron en el tiempo y nunca se señaló nada, ni un centavo faltante. Y lo dice con propiedad, porque es uno de los magistrados que tiene a cargo los casos de probidad.

Entonces como ciudadanos nos surge la pregunta. ¿Dónde estuvo la sección de Probidad durante todo este tiempo? ¿Y la Corte de Cuentas?

Claramente hubo un acto «tapadera» en estas instituciones, que dejaron que los funcionarios se fueran del servicio público sin nada «extraño» que declarar o devolver.

Ni un señalamiento, ni un reparo a ex funcionarios, que a todas luces, tomaron dinero de fondos públicos y se enriquecieron a sus expensas.

Dos instituciones que solo se limitaban a firmar declaraciones patrimoniales, sin cuestionar, y que años más adelante nos venimos a dar cuenta que jamás hicieron una revisión exhaustiva de los patrimonios.

Con esta nueva elección en la Corte de Cuentas, se esperaría al menos que no se entreguen finiquitos exprés, como se hacía en el pasado. Como el finiquito exprés entregado al expresidente Saca, y ya sabemos donde terminó (¿?) el caso.

Ahora hay una tendencia a querer hacer las cosas de manera distinta. De no ser por las denuncias de los magistrados hoy en día ni se conocieran tantos casos de probidad que han escandalizado a la población, dada la cantidad de dinero público que fue sustraído.

El corrupto, por supuesto, tratará de revertir la situación. Con señalamientos, con desinformación, pero si la institucionalidad es fuerte, el producto será mejor beneficio para los ciudadanos.

Es una gran labor denunciar corrupción. Sobre todo en un país donde no nos sobra el dinero, y lo que nos ganamos se va en impuestos y préstamos que nuestros gobernantes nos quitan también. Ante esa injusticia es mejor limpiar al Estado de figuras corruptas.

  • Por Diego Jiménez, columnista de Curul 85