Esta semana, lamentablemente volvemos a escuchar amenazas, y esta vez que trascienden a amenazas físicas contra uno de los últimos bastiones de la democracia de este país: La Sala de lo Constitucional.

Tal parece que hay sectores que aún no comprenden que en una democracia existen pesos y contrapesos que dan equilibrio a la balanza, porque como decía Lord Acton «el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente», y precisamente aun hay instituciones que velan por mantener el equilibro.

Sin duda alguna, los magistrados de la Sala han iniciado un proceso que incomoda a los corruptos de este país. Incomoda al que ha sustraído bienes públicos por años, indistintamente del color político al que represente, y que ahora se ha quedado sin su fuente de financiamiento.

Si con sentencias y fallos la Sala de lo Constitucional ha tratado que se respete el Estado de Derecho, pues que lo sigan haciendo, lo que nos queda como ciudadanos es el apoyo a la institución, apoyar las medidas que se adopten para mejorar la situación del país.

Amenazar la institucionalidad no es el camino correcto que han adoptado los corruptos. Los que no quieren que las cosas cambien continúan en esta dinámica de ataques, y como ciudadanos debemos estar alertas a estos ataques, que buscan confundirnos a veces porque se hace desde la vocería de un partido político que se rehúsa a respetar el Estado de Derecho de en este país.

Que la investigaciones esclarezcan estos hechos, y que los magistrados continúen con su trabajo es la esperanza que tenemos como ciudadanos, porque si hay voces que se incomodan con el accionar de los magistrados, es porque ellos sí van por el camino correcto.

Por Diego Jiménez