El presupuesto general de la Nación está tan desfinanciado -más de $800 millones – que obliga a los principales partidos políticos a «remendarlo», y hacer los ajustes necesarios para «sobrevivir» el próximo año.

Con las declaraciones de GANA esta semana, sobre no apoyar el presupuesto general tal y como está, se requieren hacer ajustes necesarios, incluso se habla de una adenda, que no sería más que un parche para este año.

Pero aunque a corto plazo el problema está resuelto, a mediano y largo plazo estaremos en el mismo problema de iliquidez e impago por lo que es pernitente señalar que la principal solución la tiene el Gobierno.

Reducir gastos en los tres Órganos de Estado, minimizar el empleo público y sobre todo, una verdadera política de austeridad que evite los excesos en el sector público.

La solución pasa por no contratar más activistas del Estado, pasa por reactivar la economía nacional, incentivar el empleo, y fomentar la confianza del sector privado para generar condiciones.

Pero para iniciar este proceso, más allá de los acuerdos que se logren en las mesas de negociación, el Gobierno debe empezar por lo primordial: sincerar las cifras.

Ya no hay oportunidad de maquillaje en las cifras, no hay más margen para mentir, que sinceren las cifras económicas de país, para ver qué tan grande debe ser el salvavidas que hay que lanzarles.

* Por Diego Jiménez Columnista Curul 85