Con la aprobación del presupuesto general de la Asamblea – más de $58 millones – no queda más que pensar que los diputados viven alejados de la realidad que vive en este país. Viven en una burbuja impenetrable que los hace indiferentes a la problemática nacional, a las finanzas delicadas que vive el Estado.

Por más que los directivos de la Asamblea pregonan que se aprobó el presupuesto más austero posible, los ciudadanos no somos tontos. Sabemos bien que la buena voluntad de los diputados no les permite rebajarse las prestaciones.

Enumeremos. Un jugoso beneficio de seguro médico – casi $7 millones – que según dicen, hasta incluye cirugías estéticas -¿Verdad diputadas? – que es mal utilizado en muchos casos. ¿Por qué sostener este beneficio cuando la mayoría de salvadoreños de a pie van al Seguro Social?

El transporte a la orden del día. ¿Acaso es obligación comprar vehículos cada año? Es decir que obligatoriamente tienen que «invertir» en transporte cuando existen ciudadanos que andan con sus vehículos de más de 20 años. Es inconsecuente.

Casi $800 mil en alimentación – al menos eso es lo que gastarían este año – cuando muchos ciudadanos sobreviven con menos de un dólar diario. Pocos solidarios.

En fin, muchos gastos onerosos que nos hacen cuestionar si en verdad hay un verdadero compromiso con la austeridad. La verdadera austeridad vendría del compromiso de los diputados de reducirse salarios, viajes, alimentación, comunicaciones y transporte.

Por supuesto es algo onírico, pero la mayoría de votantes antes de escuchar una plataforma de campaña, prefieren ver qué opina un candidato sobre la utilización de los recursos del Estado. Por allí dicen que el que se mete a política es «porque quiere solucionarse la vida», y cada vez parece ser más cierto.

Ahora la pregunta es para ustedes señores diputados ¿Si han obligado al pueblo a vivir en austeridad, por qué ustedes no pueden hacer lo mismo?

*Por Diego Jiménez