MITOS POLÍTICOS: LAS TRAMPAS POLÍTICAS EN LAS QUE CAEMOS

Es inevitable, al escuchar un discurso político, pensar si en realidad los funcionarios y políticos creen lo que dicen pero parece que sí, tanto así que el presidente hace un ejemplar trabajo mostrándose seguro cada vez que habla de lo bien que está el país. Pero no todos caemos en ese cuento.

Además, de eso yo me cansé de que los políticos se crean más inteligente y sabelotodos. Así que seleccioné algunas de las cosas que más me ha molestado escuchar porque pienso que es importante comenzar a desmentir la serie sus afirmaciones.

MITO 1: SOLO DESDE ADENTRO DE UN PARTIDO SE CAMBIAN LAS COSAS

¿Cuántas veces los hemos escuchado? ¡Muchas! Lo peor es que hasta ciudadanos escépticos afirman cosas como “hay que incluirse en política para cambiar las cosas, lástima que no hay un partido que valga la pena”. Pero es mentira. Primero pensemos, como individuos cuando decimos “quiero que cambien las cosas” pensamos en nuestra vida: en mejorar económicamente, en estar más seguros. ¿Pensamos “ojalá que ARENA mejore o que el FMLN funcione”? No. Porque los ciudadanos comunes no dependemos de la estabilidad de un partido político.

Los ciudadanos dependemos de las condiciones que propician los políticos en cargos públicos. En esas decisiones que toman “por nosotros”. Para eso, no es necesario estar en un partido. Es más lo sano para fiscalizar es no tener vínculos, así vemos la situación desde otra perspectiva.

¿Cuántos de los “nuevos rostros” que dijeron “solo adentro se cambian las cosas” han hecho cambios significativos? Ninguno. Porque la política es poder y el poder corrompe. Y estando adentro de un sistema viciado las cosas no van a cambiar.

Los cambios sociales que esperamos deben darse desde afuera. Si queremos mejorar económicamente trabajemos y exijamos al Estado que deje de meterse con nuestro dinero. Queremos niños más educados, ocupemos herramientas tecnológicas para capacitarlos, no le pidamos al Estado que lo haga. Así es de sencillo, pero eso no lo dicen porque no les conviene. Nos hacen creer que ellos son los valientes que se arriesgan por nosotros cuando su gasto excesivo nos demuestra su hipocresía.

MITO 2: UNA LEY SOLUCIONA TODO

Frédéric Bastiat comenzó su libro “La Ley” exclamando “¡Ley pervertida!”, en el libro aseguraba que muchas de las leyes que se formulan lejos de ayudar a los ciudadanos se vuelven esclavizantes porque se convierten en formas de controlar a la ciudadanía. Las leyes deberían reducirse a defender: vida, libertad y propiedad.

Una vez que se comienzan a hacer leyes para salud, educación, medio ambiente, animales, telefonía, economía, campo, mujeres, niños, juventud, cultura…. ¡Por todo! Lo que sucede es que el Estado está adquiriendo más facultades para meterse en nuestras vidas y decidir sobre cosas para las que no ha sido creado.

Las leyes se convierten a veces en problemas, porque una lleva a la otra y a otra… Y estamos entonces inmersos en un sinfín de leyes que no solo son innecesarias, controladoras, sino a veces ni aplicadas, pero que en un momento pueden ser utilizadas no para lo que fueron creadas sino para otros fines.

Es entonces importante analizar cuál es el fondo de las leyes que todos los jueves se aprueban en la Asamblea Legislativa y ver cuáles de ellas sí responden a la defensa de la vida, la libertad y la propiedad; las que no respondan a ello son puro crecimiento e intromisión estatal.

MITO 3: LOS FUNCIONARIOS DEFIENDEN LA LIBERTAD

Los funcionarios no defienden la libertad, son sus principales detractores. Un defensor de la libertad está en contra de toda coacción, esa que al Estado se le es permita por ley. Es decir, los funcionarios tienen permiso para coaccionar a otros. Por lo que decir que defiende algo que va en contra de la libertad resulta hasta ofensivo para los que sí la defendemos.

A parte de eso, vemos diputados aprobando leyes que pueden servir de censura como el intento en octubre del año pasado con relación a la Ley de Delítos Informáticos en donde ciertos artículos ponían en duda su fin. Además, el tema de pensiones, donde la elección de qué queremos no está contemplada.

Los mitos que a diario los políticos y funcionarios repiten deben dejar de ser admitidos por los ciudadanos, porque son cáscaras de guineo que nos ponen para que caigamos en su juego, en la aceptación de acciones que no podemos seguir tolerando. Los límites al poder político nos corresponden y urgen para dejar claro que el poder lo tienen los individuos, no un colectivo, ni mucho menos los políticos.

Por: Sandra Cárcamo