Defensores de la desigualdad

En estos últimos días y a razón de la controvertida propuesta lanzada desde el ejecutivo, de ofrecer una forma de subsidio -aunque evitan llamarlo así-  a los jóvenes denominados como NiNis, un acalorado debate se  ha dado en nuestro país, que incluso ha derivado en extrañas acusaciones por parte del ejecutivo hacia sus detractores,  llamándonos  “amigos de la desigualdad”.

 Desigualdad hay aquí y en todos lados. Es parte de la naturaleza humana que no todos seamos iguales. Unos tienen mas talentos, pocas oportunidades, mientras otros tienen mejores oportunidades, poco talento. La idea detrás de reducir la desigualdad  debe consistir en generar las condiciones para que se den la oportunidades y que así el talento florezca y no en imponerse para beneficiar a unos a costa de otros.

 En el caso de la educación por citar un ejemplo, la reducción de la desigualdad se debería de dar a través de mejorar la infraestructura , la educación, mejor capacitación para los profesores de la escuelas públicas, no bajando el nivel a las escuelas privadas o cerrándolas.

 La cantidad de fondos necesarios para lograr estos objetivos son altísimos y no es castigando con más impuestos o más deuda, que se debe buscar lograr este objetivo. Para eso existe la planificación y los ingresos que ya percibe el Estado y que en caso de existir verdadera voluntad,  saldrían de los gastos innecesarios en burocracia o de los enormes beneficios que gozan nuestros funcionarios.

 Se habló en un principio de la creación de un nuevo impuesto para echar a andar este programa; luego se habló que saldría de la Contribución Especial para la Seguridad Ciudadana (CESC) y hoy se habla de un nuevo préstamo de $130 millones. Tal parece que ni el ejecutivo tiene claro qué está haciendo y de ahí las dudas y por ende,  los detractores y herejes.

 Si bien es cierto que hay varios NiNis que lo son, no por deseo, si no que por falta de oportunidades o por marginación, también hay muchos otros que lo son simplemente porque pueden.

 En nuestro país las remesas han tenido impactos positivos en materia económica y negativos, en el sentido de descomposición familiar, resultando en descomposición social y por supuesto, en la creación de NINis, tanto jóvenes y adultos. Esto ha resultado en mermar ese deseo de superación y de dignidad que antes caracterizaba a los salvadoreños. Nuestra gente se ha acostumbrado a extender la mano y a esperar que el esfuerzo de otros les llegue por un Courier.

 Similares resultados podría tener este subsidio que propone el ejecutivo y ese es uno de los temores que despierta en los detractores este programa para NINIs.  Además, preocupa que el Estado imponga por un lado su voluntad, beneficiando no al talento, si no a militantes e incluso pandilleros con objetivos que van mas allá de generar oportunidades y que esté enfocado únicamente en estrategias electorales.

 Capacitar y formar jóvenes, darles las herramientas para el éxito es un paso importante. Pero las condiciones las pone el Estado, generando confianza, respetando el Estado de Derecho y las oportunidades las genera el sector privado del país.  Si sumamos la confianza con mano de obra mejor capacitada, resultará en mejores empleos con mejores salarios y mejores oportunidades de superación.

 Pero hacen falta las condiciones y así la confianza. Lamentablemente, lo del gobierno más parece un intento, ante la falta de recursos y ante el constante ataque hacia la empresa privada, resultando en poca inversión, en una estrategia política más que busca realmente generar mayor división en la sociedad, esa que alimenta su discurso socialista y que busca acentuar mas el resentimiento y la eterna división entre clases sociales.

*Por Gerardo Guerra, columnista de Curul 85