No me opongo a los subsidios, me opongo a la dependencia al Estado

En un país como el nuestro resulta muy difícil, o políticamente incorrecto, oponerse a los subsidios. En lo personal, no me opongo a estos ya que en un país como el nuestro, estos vienen a aplacar un poco la extrema pobreza que afecta a buena parte de nuestra población.

El problema de los subsidios es que nuestros gobernantes y políticos han dejado de verlos como lo que deberían de ser; una medida temporal; mientras se generan las condiciones para que menos personas dependan de ellos.

En los autodenominados países progresistas, llamados así como resultado de la nueva retórica socialista y comunista, los gobernantes celebran como logro el incremento en la cobertura de los subsidios. Vaya cosas ¿No debería de ser al revés?

El objetivo de las políticas de un país se deberían de encaminar hacia reducir, a través de la creación de oportunidades y de mejores empleos, la pobreza. Así, por sentido común, la dependencia a programas estatales como los subsidios.

Actualmente en El Salvador, con un gobierno de corte “progresista” que basa muchas de sus políticas en buscar conflictos hasta con su propia sombras; el gobernante FMLN busca constantemente la creación de nuevos impuestos con el objetivo, según sus palabras aunque muchas veces confusas, de mantener el subsidio a las clases desprotegidas.

Hay subsidio a la energía eléctrica, al gas licuado, al agua potable, al transporte, se da supuestamente un vaso de leche, zapatos y uniformes en las escuelas. Subsidios que en lugar de reducir se mantienen o incrementan, y que representan una tremenda carga económica para el Estado que debe contraer deudas, y por supuesto para los contribuyentes; quienes somos los que al final pagamos la cuenta. Esto muestra que las políticas del gobierno no buscan en realidad mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos, sino más bien generar mayor dependencia.

Pero hay que dejar de ser políticos y comenzar a ser honestos. Esta dependencia hacia el Estado no puede ser sostenible en el tiempo por motivos económicos y no debe sostenerse para evitar que estos programas sean utilizados por mentes perversas que gustan regalar lo que a otros tanto les ha costado producir. Estamos llegando cada día al borde del abismo fiscal.

Los políticos, tanto de “izquierda’ como de “derecha”, de corte populista han confundido, a propósito, el fin de los subsidios; el cual radica en ser medidas temporales, transformándolas en medidas de corte electoral. Siempre resultará más fácil para estos políticos paliar la pobreza con regalitos que buscar superarla generando las condiciones adecuadas para que el individuo salga de su estado social de pobreza.

La verdadera solución no está en seguir generando fuentes de dependencia, ni de hacer que más familias se estanquen con subsidios. La forma más efectiva de lograr que sociedades progresen es a través del emprendimiento, la baja de impuestos, con menos burocracia al momento de poner un negocio y la menor regulación del Estado. De esta forma, las personas buscarán sus mecanismos de sobrevivencia basados en emprender.

Como ciudadanos, como contribuyentes, está en nosotros exigir honestidad a nuestros gobernantes. Pero además, debemos de dejar de llevarnos por la retórica “políticamente correcta” de estos pseudopolíticos y comprender de una vez por todas que no es con subsidios que se rompe la desigualdad, es a través de la educación, del trabajo, del emprendimiento como se logra reducir la brecha.

No estoy a favor de la desigualdad y no me beneficio de la pobreza como muchos “progresistas” quieren hacer creer. Por el contrario, esta hoy más que nunca me afecta. Con 24 nuevos impuestos dan fe de esto, mientras los niveles de pobreza continúan igual y la dependencia a los subsidios incrementa cada día más. Así, definitivamente no se construye país.

Gerardo Guerra, columnista de Curul 85