Para la austeridad, pantallas de medio millón en la Asamblea

Son tiempos delicados para los funcionarios. Saben que el ciudadano guarda una marca personal con cada actuación, con cada centavo que gastan, con cada presupuesto que ejecutan y eso incomoda. Genera un escozor en el funcionario a tal grado que ataca al que pregunta, al que cuestiona, al que publica.

Ejemplo claro, la pobre defensa del presidente de CEPA, tratando de justificar lo injustificable: gastar más de $5 mil en licores para eventos no es justificable desde ningún punto de vista -y regresar el dinero de manera irregular tampoco lo es- y los ciudadanos se lo hicieron saber.

Aparentemente, hay una política de austeridad que debe ser acogida por todas las instituciones del Estado. Pero ayer, la Asamblea Legislativa pasó por alto esta norma. Y muy sonrientes, muchos diputados lucían su nombre en una pantalla electrónica, que le costó al ciudadano -sí, a usted- $500 mil dólares.

La crítica ciudadana no se hizo esperar ¿Cuánta medicina se podría comprar? ¿Cuántas camas para un hospital? ¿Cuánto recurso se podría llevar a la PNC? Son las principales interrogantes que hacían los ciudadanos.

Tal parece que el uso eficiente del recurso no es prioridad en el Órgano Legislativo. En otros congresos -incluso de países más desarrollados- no se utilizan este tipo de «tecnologías». De hecho, los diputados hasta votan a mano alzada, pero en nuestro parlamento es imposible eso.

Y aunque algunos diputados tímidamente se expresaron al respecto, no existió una postura contundente de rechazo. Lejos de eso, la diputada Lorena Peña llamó ridículos – lean sus tuits- a quienes solo pedían cuentas claras al respecto.

A los ciudadanos nos toca seguir presionando, pidiendo cuentas. Moleste a sus diputados, incomódelos con preguntas, al final, ellos se deben al ciudadano que los puso en esa curul. Utilicemos las herramientas que nos da hoy en día la tecnología, para fiscalizar, para pedir cuentas claras a quienes nos representan.

La transparencia solo puede ser efectiva si el ciudadano pide cuentas. El poder está en nosotros, no podemos desaprovechar la oportunidad de cambiar los tiempos del oscurantismo en el que nos han querido someter aquellos que hacen del Estado su modus vivendi.