Muerto el rey; viva el Rey.

Se cumple al pie de la letra cada 3 años en la Asamblea Legislativa. No importa el poder que acumuló, los atropellos que cometió, las riquezas que acumuló, pero lo cierto es que ahora nadie le recuerda y es mejor no dejar huella visible.

Los empleados se apresuraron a retirar los retratos del ex presidente de la Asamblea Sigfrido Reyes, porque en menos de 24 horas habrá un nuevo presidente que colgará su retrato en los salones y pasillos en señal que hay un nuevo rey. Y es así la política, promueve ídolos temporales y efímeros que luego marchan al ostracismo y quedan relegados al olvido.

Sigfrido Reyes llegó hace más de cuatro años a la presidencia de la Asamblea, bajo su brazo un aprendido discurso de transparencia y austeridad que nunca honró. Juro frente a la tumba de monseñor Óscar Arnulfo Romero que su enseñanza de trabajar por los más humildes  marcaría su periodo.

Reyes ni fue austero ni fue transparente. Durante su periodo se reflejan miles de dólares gastados en licores, fiestas, canastas, música, prendas de oro, lienzos, viajes, viáticos y la lista sigue siendo muy larga. Siempre se ocultó en los vacíos de la Ley de Información Pública para no revelar el listado de asesores de la Asamblea. Entre sus asesores se contabilizan sus socios en empresas inmobiliarias, madereras y servicios. Contó con la complicidad de la Corte de Cuentas y el Tribunal de Ética para nunca responder por una serie de negocios imposible de alcanzarlos con un salario de servidor público.

En la Asamblea ya es pasado y esta semana habrá un nuevo presidente que dirigirá por tres años la legislatura y que quizá cumpla con las aspiraciones de los ciudadanos.