Ayer hubo una manifestación en la Asamblea Legislativa sobre la privatización del agua. Debo comenzar aclarando, para los que todavía no se enteran, que la Asamblea no ha discutido hasta la fecha algo sobre privatización. Lamentable a mi juicio, pero cierto. No hablaré de lo reprochable de las manifestaciones, sobre lo que ocurrió ayer, porque ya hablaron de eso. Yo hablaré sobre la privatización.

Como insisten en hablar de privatización en redes sociales, me atreví a escribir esto porque yo sí creo que deberíamos de hablar de privatización del agua. Comenzaré poniendo en la mesa la idea de lo que todo parte: el agua no es un derecho; el acceso al agua, sí.

Al romper esta premisa debo decir que el Estado no es responsable de brindarnos agua a todos, de hecho, no lo hace; el Estado te da agua porque pagas, sino no tendrías. ¿Entonces cómo es que debe estar en manos del Estado porque es un bien público? ANDA hasta la fecha no cubre todo el país aun cuando tiene subsidio. Pero todas esas zonas en las que ANDA no ha sido capaz de llevar su servicio, lo ha hecho una privada, que en todos los casos que conozco es mejor el servicio.

Cuando se habla de privatización todos se escandalizan y los comentarios resultan absurdos. ¡Los precios van a ser tan altos que no vamos a poder consumir! ¡Los pobres nunca podrán acceder al agua! Los comentarios siempre están enfocados en precios, injusticias “sociales” y pobreza. Pero jamás nos fijamos en los problemas que todo lo público tiene.

Naturalmente, si el agua se privatizara subirían los precios, y no por maldad de sus dueños, o quizás sí. Lo cierto es que subirían porque actualmente el agua tiene subsidio, lo cual nos permite acceder a ella de forma más barata; pero claro, más ineficiente. Si recibiéramos mejores servicios, pagar un poco más no nos dolería tanto.

En un libre mercado en donde se abriera el mercado el agua sería un bien al que cada vez más pudieran acceder, para comenzar porque la cobertura sería más grande. Los empresarios no estarían pensando en cuánto debe darles el Estado para crear nuevas líneas y formas de abastecimiento, lo solventarían invirtiendo por su propio interés, por llegar a más consumidores que se tradujera en menos personas sin agua.

Actualmente todos los que hablan de la no privatización del agua, incluyendo los políticos, y que además abogan por lo pobres, no están haciendo más que manifestaciones, publicaciones digitales y demás acciones que no necesitan quienes no tienen agua. Los que no tienen agua necesitan agua, no dogmas, y los que se quejan y se manifiestan no están solucionando el problema.

El problema principal del agua actualmente es que es manejada de forma ineficiente, no es que no exista agua suficiente: el problema ha sido el mal mantenimiento y el nefasto servicio que ANDA brinda. Todo lo que está en manos del Estado es ineficiente y no es maldad decirlo, es real porque el Estado está diseñado para tener incentivos perversos que terminan en corrupción.

La privatización no está siendo discutida en la Asamblea, ni siquiera es un tema que la “derecha” mencione porque no es políticamente correcto. Pero la privatización, la real, sin mercantilismo, regulaciones e intervenciones estatales, es la solución a un problema que el Estado no ha sido capaz de solventar.

Por Sandra Cárcamo