No haga caso de aquellos que legitiman cúpulas partidarias, líderes de opinión o políticos en decadencia que al verse fuera de la contienda piden anular el voto.

Si usted anula su voto, ¿a quién le va a reclamar si las cosas van mal? ¿Por qué no aprovechar el voto por rostro y elegir al candidato que creemos más idóneo?

Abstenerse de votar solo permite que el voto duro de cada partido político coloque a aquellos privilegiados, los que dirigen a su antojo los partidos y dictan qué lineamientos se deben seguir. Sin democracia.

Y si no cree en la democracia partidaria, ahí tiene a los candidatos no partidarios, que sin compromisos con cúpulas, en teoría, no obedecerían a ningún lineamiento partidario.

Las formas de votar las conoce. Pero si quiere botar a diputados y alcaldes, ahí tiene la solución: no vote por los mismos, por aquellos que le prometieron cosas que no cumplieron y que tres años después prometen lo mismo.

Infórmese los días previos y vote a conciencia. Piense en el futuro de su municipio y en la posibilidad de cambiar, aunque sea un poco, la correlación de la Asamblea.

El ciudadano hoy es más proactivo, cuestiona más a los candidatos, a través de espacios de opinión pública y redes sociales. Esto constituye un control ciudadano efectivo.

¡A votar! Qué no elijan otros por nosotros, los buenos ciudadanos, que somos la mayoría.